miércoles, 20 de febrero de 2013

plutocracia


nadie ama suficientemente ni aún aquellos
que predican la biblia desde los hombros de noviembre
nadie acude a las ventiscas ni a los circos tropicales
cuando quiebra la memoria y urge el fin de tanto oprobio
nadie observa la distancia entre el mar de fondo y la hipoteca
que apuntala el códice vespertino de la injusticia social
nadie acude a la llamada del pájaro carpintero
cuando las rosas se oxidan entre los pimientos rojos
y el tábano fusila sin piedad nuestro pobre convencimiento

ay de las fresas que en mayo riega la prosa sobrante
ay de los solteros que niegan la mansedumbre del tálamo
ay de los pámpanos verdes que en peregrinación acuden
a las azoteas donde arde el misterio de la sangre caliente

nadie merece tamaño reproche ni siquiera ahora
que las nubes repasan la impostura de los alguaciles
y que los viejos reposan en la incombustible estela de los medicamentos
no habrá nadie que examine la sagrada escritura de los múltiples partos
nadie oirá la voz rasgada que procede de los presidios
ni la tierra empapada que cruje bajo la embestida de los oligarcas
nadie consentirá de por vida en la hipocresía de los mercados
nadie en su sano juicio confiscará la aurora que crece
bajo el filo acerado de la hoz y el peso grave del martillo

ay del fruto prohibido que en las vides siembra
el porvenir de los puños en alto

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