jueves, 23 de octubre de 2014

así el verbo


así como dos soles que delimitan la oquedad donde pervive el trigo
el sueño rebelde de los primeros árboles
la ceniza menuda que se acumula en los labios casi fríos
de esta ausencia atlántica y hechicera

las manos que se adaptan al trémulo palpitar de los estorninos
y en cada pulso la precipitación exacta de unas alas
de un brillo en la sangre como un pincel de cera

así los ojos buscan determinación al borde de los acantilados
y esconden la desnudez de los minerales
tras el humo de las conversaciones a media tarde

hay nieblas que no entendemos y son del aire
hay vientos que se disfrazan en los balcones
hay balcones que abren surcos entre la libertad y el hombre

es tan frágil la espuma tan apetecible la desnuda
corriente de la historia que nos arrastra hacia su laberinto
como si fuésemos flechas prohibidas o estandartes
de un ejército dispuesto a conquistar entre las olas el verbo

martes, 14 de octubre de 2014

somos la sombra



la que da fulgor al diamante en las entrañas de la tierra
la que emigra a la soledad de las cárceles y de los conventos
y se descuelga por los cipreses enclaustrados la sombra
que anida en lo profundo del bosque
y tiñe de negro el traje de seda del agua escondida
que reverbera dócil en la noche de los tiempos
y que lleva la cuenta de los siglos
de oscuridad que aún nos quedan

la sombra como una sangre que persigue a los piadosos
en el trasluz impotente de los jardines sin savia
y que sujeta la escalera de los estremecimientos
como una promesa rota en el fervor de las catacumbas

la sombra del cadalso que pone en marcha el runrún de las avemarías
y espanta con su voz a las palomas que anidan en los campanarios
la sombra viva y preñada de los sin nombre
que crece en el murmullo de las masas y se vuelve ceniza
en la frente enhiesta de los inocentes y adivina
la desnuda suerte cubierta de barro de los pobres

la sombra de la espada que perteneció a carlos quinto
que forjó un imperio a la medida de los banqueros alemanes
y que apunta a la voluntad de los hombres
con su garganta de plata dispuesta al sacrificio

la sombra del otoño de mil novecientos cincuenta y nueve
que en la tarde acompaña el sigilo de las golondrinas
y persigue a los astronautas en su noche sideral

la vieja sombra malherida del caminante que anuncia el nombre de las posadas
que amenaza la línea sucesoria de los primogénitos
y se acurruca en el fondo de los testamentos apócrifos

la sombra que procede del tiempo de los fenicios
que navega por mil danubios y penetra
bajo la falda plisada de las niñas cuando juegan a ser mayores
que se enreda en los cabellos y galopa
por los pechos desnudos antes de nacer el nuevo día
que acomoda el quehacer de los herreros
y se esconde enigmática bajo las pirámides

la sombra de las revoluciones que languidece postrada ante oscuros temores
que no acierta a extender la pólvora como una obsesión
que nace de la llama ardiente
y pesa como un puñal de bronce
sobre el sueño tranquilo de los hombres justos

la sombra de los números infinitesimales
y de los helicópteros sobre la selva amazónica
o de los profetas que caminan sobre las aguas bursátiles
y predican las verdades de las grandes corporaciones

la sombra alargada que se orina en los libros de historia y en los pantalones
que pernocta en los cementerios católicos y con su ausencia
anuncia los rigores del nuevo día
entre murciélagos que transmiten la impiedad de los forenses
y las ascuas encendidas de los últimos combatientes
que se sinceran bajo el olivo para tejer
la memoria oculta de los versos y de las ánades

la sombra suicida que escucha el rumor de los hospicios
y acostumbra a erosionar la certidumbre de las religiones
que se escarcha en enero y afila los huesos
de los melocotones y el timbre de las bicicletas
la sombra que visita los talleres y las fábricas
para dar fe de su pertenencia a las clases populares
que inventa canciones al albur
de la tarde opulenta y febril de los manicomios

somos la sombra invisible que vive
en las estancias prohibidas de los corazones
amamanta los sueños de los enamorados
y nunca languidece