jueves, 27 de febrero de 2014

noche sin alas


surge la oscuridad en mitad del dialecto
cuando los sabios se disponían a ofertar sus últimos disfraces
un enjambre de adverbios ha caído por el precipicio de la indiferencia
y los pájaros que alentaban la insurrección
se balancean en una crisis moral de profundas raíces

el fuego ha prendido en el páramo seco de la extraña alabanza
y camina seguro hacia la altura poblada de aves nocturnas
las cornisas revisten de simbología el gesto indefenso de los predicadores
y asedian con su oficio la belleza masónica de los argonautas

ha llegado el tiempo de recoger la cosecha
de revolucionar los predicamentos que yacen en la cavidad de las lamentaciones
de emulsionar el tejido productivo de arraigadas convicciones
y dar paso así al clima propicio donde operan las claves del poder popular

mientras tanto seguiremos conservando la alocada certeza
la matriz decisoria de la normativa comunitaria
sin dejar de sentir la seguridad redonda de un ilusorio hemiciclo
con la triste promesa de un infierno fuera de plazo

domingo, 23 de febrero de 2014

75 aniversario




He andado muchos caminos,  

he abierto muchas veredas;    
he navegado en cien mares,    
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 26 de julio de 1875 - Colliure, 22 de febrero de 1939) fue un poeta español, miembro tardío de la generación del 98 y uno de sus miembros más representativos. Hijo del folclorista Antonio Machado y Álvarez y hermano menor del también poeta Manuel Machado, pasó su infancia en Sevilla y en 1883 se instaló con su familia en Madrid.
Se formó en la Institución Libre de Enseñanza y en otros institutos madrileños. En 1899, viajó a París, donde vivía su hermano Manuel, con quien en lo sucesivo emprendería una carrera conjunta de autores dramáticos, y trabajó de traductor para la editorial Garnier. Allí entró en contacto con Oscar Wilde, Rubén Darío y Pío Baroja, además de asistir a las clases del filósofo Henri Bergson, que le impresionaron profundamente. De vuelta a Madrid entabló amistad con Juan Ramón Jiménez y publicó Soledades (1903).
 En 1907 obtuvo la cátedra de francés en el instituto de Soria, ciudad en la que dos años después contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo. En 1910 le fue concedida una pensión para estudiar filología en París durante un año. Leonor cayó enferma de tuberculosis y murió en 1912, lo que sumió a Machado en una gran depresión y éste solicitó su traslado a Baeza, donde viviría con su madre dedicado a la enseñanza y al estudio, hasta 1919. Allí conocería a Federico García Lorca, con el que entabló gran amistad.
 
En 1919 se trasladó a Segovia, donde encontraría un ambiente cultural más acorde con sus gustos, y comenzó a participar en las actividades de la reciente Universidad Popular, que tenía como objetivo la extensión de la cultura a los sectores sociales tradicionalmente más apartados de ella. Allí permaneció hasta 1932, año en que obtuvo la cátedra de Francés del Instituto Calderón de la Barca de Madrid y en 1935 la del Cervantes.
Al comenzar la Guerra Civil se encontraba en Madrid, desde donde se trasladó con su madre y otros familiares al pueblo valenciano de Rocafort, uniéndose al movimiento Alianza de Escritores Antifascistas y participando activamente en el II Congreso Internacional celebrado en Valencia. y luego a Barcelona.
A finales de enero de 1939, y ante la inminente ocupación de la ciudad, salió de Barcelona viajando en una ambulancia que les fue proporcionada por José Puche, director general de Sanidad. En la tarde del día 28 llegó finalmente a Colliure (Francia), en donde murió el día 22 de febrero en el Hotel Bougnol-Quintana. A los tres días, falleció su madre, Ana Ruiz Hernández. 
Como tantas otras familias, la guerra desmembró a los Machado: su hermano Manuel permaneció en España, Francisco, subdirector de la prisión provincial de Toledo entre 1918 y 1929, también pasó a Francia y luego regresó a Madrid, y Joaquín y José murieron exiliados en Chile. 

Su vasta obra poética se caracteriza por la sencillez y precisión en el lenguaje. Cantó a la tierra, al mar, a los olivos y, en diversos tonos, a la gloria del amor. En su poesía se refleja la visión dolida de su patria y la recreación de la belleza que encierran las pequeñas cosas.
 


martes, 18 de febrero de 2014

recorriéndote

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hasta tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esa piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.

GIOCONDA BELLI

lunes, 3 de febrero de 2014

Félix Grande (in memoriam)

tú, memorable herrmano marginal, qué antiguamente observo
lo desvalido que irás por las ciudades con tus cuarentaitantos años de memoria a la rastra
hacia allá, al cementerio donde mamá reposa
bajo una hierba humilde y seca que dirá SON LOS AÑOS,
y más que nunca
precisarás la yema en la leche de cabra,
te sentarás sobre la losa tan ni siquiera tibia
y me recordarás a mí, como yo ahora te recuerdo, diciendo:

esta infancia tenaz, cómo ha mudado.

No quería despedirse enero sin añadir un poeta más a su nómina de ilustres muertos. Así, en apenas dos semanas, han fallecido tres grandes glorias de la lengua castellana: Juan Gelman y José Emilio Pacheco, ambos en México -aunque el primero fuese argentino-, y el 30 de enero, en Madrid, se nos fue Félix Grande.
Félix Grande Lara, flamencólogo y uno de los grandes renovadores de la poesía española de los años 60, nació en Mérida (Badajoz), en 1937. Hijo de republicanos -su madre trabajó en un hospital durante la guerra civil mientras su padre combatía en el frente-, se mudó con su familia cuando contaba sólo con dos años a Tomelloso (Ciudad Real), donde transcurrieron su infancia y su juventud. En 1957 se traslada a Madrid, donde ejerció diversos empleos antes de abandonar su trabajo como guitarrista flamenco para dedicarse a la literatura. En 1961 entró a trabajar en la revista literaria Cuadernos hispanoamericanos, de la que se convertiría en director al retirarse Luis Rosales.
Comenzó su carrera literaria con la poesía y obtuvo su primer premio, el Adonais, en 1963, por Las piedras, "libro de talante existencial en el que explora el tema de la soledad". Dos años después, en 1965, ganaría su primer galardón de narrativa, el Premio Eugenio d'Ors por su novela corta Las calles. Desde entonces no cesó de escribir y de recibir distinciones de todo tipo. Su obra evolucionó desde la inspiración machadiana y el compromiso social de su primer poemario hasta una reflexión sobre el lenguaje y el erotismo. Logró el premio Nacional de Poesía en 1978 por Las rubáiyatas de Horacio Martín, que constituye una exploración del sentido de la experiencia erótica.
Como ensayista puede señalarse el temprano Apuntes sobre poesía española de posguerra (1970), Mi música es para esta gente (1975) y su monumental Memoria del flamenco (1979), obra básica para una aproximación al arte flamenco, forma cultural a la que ya había rendido tributo anteriormente al elaborar los textos en prosa y verso del disco Persecución (1976), cantado por El Lebrijano.
Estaba casado con la poeta Francisca Aguirre (como él, Premio Nacional de Poesía 2011) con la que tuvo una hija, la también poeta Guadalupe Grande.
En su obra está presente una honda angustia existencial, una gran preocupación por el hombre y por la injusticia sobre la que se alza la sociedad, así como el amor y el erotismo. Su lenguaje poético es una constante búsqueda de nuevos modos de expresión, siguiendo los pasos de los surrealistas y en especial de César Vallejo.