sábado, 29 de diciembre de 2012

juventud de la poesía


imbuidos de pretendidas certezas desandamos
en el umbral de la noche
el margen derecho del angosto estío
y supimos de la ardiente plenitud de las palabras
y del cálido bálsamo de unos ojos verdes y agradecidos

temprano visitamos las luces del alba
y ciegos como un bisonte herido y con oficio
arremetimos sin orden ni concierto contra los rascacielos
que pueblan con éxito la literatura de los suburbios

recopilamos no en uno sino en tres magníficos instantes
la nomenclatura habitual de las tardes de feria
y a modo de inventario sedujimos a las jóvenes musas
que acostumbran a tenderse desnudas en cualquier párrafo

tendremos que aprender a pernoctar en hoteles sin estrellas
y a incluir en el orden del día el seguimiento
de los pájaros que anidan en el norte de las axilas
premonitoriamente ocultas de la memoria

martes, 11 de diciembre de 2012

tiempo de rebeldía




no es todo gris en la tarde sin brillo
mientras tiño acordes con el rojo de la sorpresa
y abandono en la caja de herramientas
las palabras inútiles que nunca dicen nada de lo que somos
como insectos enfermos en días de lluvia y escasez

cuando se ponga en marcha la nave de los deseos aplazados
y dejen de cantar en la plaza la hija del cura y la torre del campanario
podremos por fin alzar los brazos febriles
hacia el sol de los exiliados
como un ramo de flores húmedas y amarillas

cuando el tiempo detenga su vértigo de compases
y tiemble la aguja de los fértiles abriles
una niña vendrá con un árbol desnudo entre los brazos
a cubrirnos de barro los ojos inmersos en agua de rosas

no es todo gris en la tarde sin brillo
y mientras los obreros levantan sus puños y sienten
la angustia de vivir en la frontera del hambre y la necesidad
de construir un mañana de estrellas que amamante a sus hijos
las esposas ilustres de los ilustres magnates se perfuman
con la ceniza de las hogueras que arden en las barricadas

luego vendrán los lamentos las excusas inútiles
como frágiles vestidos que apenas aciertan
a cubrir nuestras desnudas convicciones
pero no es más que la hora sin nombre
el panegírico prometido por los hombres de negro
cuando a solas se reúnen para urdir su estrategia
y siembran de sal los márgenes de nuestra estrecha existencia

no es todo gris en la tarde sin brillo
mientras los desheredados sigan saqueando
las despensas del imperio e inunden
de peces de colores los cajeros automáticos

es tiempo ya de que el sol incendie los balcones

miércoles, 5 de diciembre de 2012

campo de batalla


no vale ningún tipo de excusas hemos
de derrotar al invierno en sus cuarteles
utilizando si es menester para ello
unas gotas de cianuro en el café
o un lenguaje certero que desnude sus mentiras

sueña la víspera con vestir de verde su armadura
y sueña el poeta su disfraz de hombre de letras
mientras los jornaleros acuden veloces
a la llamada de plata de la abeja de turno
como una sirena muda que anticipa el exterminio

qué inútil y qué despacio se desnuda la amapola
cuando la reserva aérea abre un frente nocturno
germina junto al árbol de fuego la hazaña de las horas
y deja caer uno a uno sus pétalos de acero

hoy despierto y me asomo a un desierto sin nombre
cuando ya los pérfidos retoños de la burguesía
cubren de éter la alfombra teñida de las antiguas sombras
y un ángel sin alas del tamaño curvo de una espada
dispara sin convicción sus exánimes tentáculos
hacia el océano de luz de un octubre irredento

no queda más que una copa fría
en manos del dios de las tormentas
pasado un tiempo ya no será posible
regresar al centro de la batalla