viernes, 29 de abril de 2011

bienaventurados los sedientos


a veces me pregunto por qué

sentimos esta sed tan temprana

este vértigo y este paraíso

turbio del destino en nuestras manos

o este rojo hilo de sangre en la garganta


echo a andar y las palabras

se quedan a la intemperie

corren por mi frente y se descuelgan

dóciles hacia mis bolsillos


no podéis imaginar cuántas palabras

perecen por asfixia en mi chaqueta

o atropelladas en las cunetas

de la razón y en los concilios

en lucha contra el miedo y el olvido


todo para poder nombrar

el embrujo de las noches el delirio

de mil peces de colores

que beben en mi mano cuando escribo

lunes, 25 de abril de 2011

El hambre de vivir como el sol

Homenaje a Gonzalo Rojas (1917-2011)

CONTRA LA MUERTE

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y a siniestra con tal de prosperar en mi negocio.
No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.
¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?
Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.
No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.
Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, por no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.
Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.

El poeta chileno Gonzalo Rojas, galardonado con el Premio Cervantes en 2003, ha fallecido este lunes a los 93 años en su país natal. Nacido el 20 de diciembre de 1917 en Lebu, al sur de Chile, en el seno de una familia minera, se trasladó en 1926 con su madre y sus hermanos a Concepción.
En 1937 comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Chile y poco después formó parte del grupo surrealista Mandrágora, fundado por Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. En 1948 aparece La miseria del hombre, su primer libro de poemas, provocando reacciones encontradas entre los críticos
En 1952, habiendo obtenido el grado de Licenciado en Filología Clásica, gana por concurso las cátedras de Literatura Chilena y de Teoría Literaria del Departamento de Español de la Universidad de Concepción. Allí organizó el Primer Encuentro Nacional de Escritores (1958) y el Primer Encuentro de Escritores Americanos (1960) reuniendo lo más granado de la literatura latinoamericana. Esta intensa actividad académica no le impide el ejercicio poético, en busca de la palabra diamantina que habitará en Contra la muerte (1964), libro celebrado unánimemente por la crítica.
En 1970, el presidente Salvador Allende le nombra Consejero Cultural en China donde vivió la etapa anterior a la Revolución Cultural. El golpe militar chileno (1973) lo sorprende en La Habana, como Encargado de Negocios. El poeta se convierte en un exiliado, un "indocumentado" a quien no sólo se le ha arrebatado su rango de diplomático sino también se le ha expulsado de todas las universidades chilenas por "significar un peligro para el orden y la seguridad nacional". La Universidad de Rostck -Alemania Oriental- lo acoge como profesor, pero sin dictar clases, situación que lo perturba e incomoda. Entonces parte a Venezuela (1975), contratado por la Universidad Simón Bolívar, con Hilda, su segunda mujer, y el hijo de ambos, Gonzalo.
Su tercer libro de poemas Oscuro (1977) se publica en Caracas y a partir de este momento su poesía escrita sin prisas, desde lo profundo, comienza a leerse en todo el continente y es aplaudida sin reservas por la crítica internacional. Las ediciones se suceden unas a otras: Transtierro (1979), Antología breve (1980), 50 poemas (1980), El alumbrado y otros poemas (1987), Antología personal (1988), Schizotext and Other Poems (1988) y Materia de Testamento (1988), que figura como uno de los libros más vendidos en Madrid ese año. Poemas antiguos y nuevos convergen con la misma frescura en tres vertientes: la numinosa, la erótica y la repentina. Desocupado lector (1990), Antología de aire (1991), Las hermosas. Poesías de Amor (1991), Zumbido (1991), La miseria del hombre (1995).
En 1979 obtuvo la beca Guggenheim y regresó a Chile, en donde no se le abrieron las puertas de ninguna universidad, por lo que se instaló en las tierras de Chillán, cerca de su ciudad natal. Tras unos años como profesor en tierras norteamericanas, en 1991 fue designado profesor emérito de la Universidad de Concepción y se instaló definitivamente en Chile. Además del Premio Cervantes, Gonzalo Rojas cuenta en su haber otros galardones como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Nacional de Literatura de Chile; además de los Premios José Hernández (Argentina)y el Octavio Paz (México).

viernes, 22 de abril de 2011

alas


sólo a veces levanto
mi voz como una copa ardiente
y me atrevo a poner nombre a mi duelo
a sentir en mis labios la sangre de la herida

sólo a veces ofrezco
mis manos como dos jinetes blancos
como dos ramas estremecidas
en el silencio oscuro de la noche

sólo a veces siento
una flor que estalla en mi pecho
y una paloma vuela hacia lo alto
con sus dos alas de fuego

lunes, 11 de abril de 2011

atmósfera


llegamos hasta aquí deslumbrados
por la fiebre de los astros
llegamos sin brújula y sin báculo
sólo con el lejano propósito
de latir como los pájaros
enfermos de plenilunio
y qué esperar ahora de este sol
incauto de esta adormecida bruma
donde se deshace la nata de las horas
cómo esperar después de tanto olvido
que las palabras nos entreguen
la paz que habita en los círculos del aire
qué esperar pues de esta mañana
turbia como un estrépito de insectos
cuando ya parecía
que todo estaba dicho hemos venido
a añadir otras palabras
con un mismo desconcierto
dejad que el viento arrastre estas nubes
y que las aves vuelvan a soñar
con un sol de primavera
ahora que nosotros regresamos
al silencio de la tierra

domingo, 3 de abril de 2011

luces y sombras


si no tengo mar que aguarde mi regreso

si no poseo la gracia del aire en la mañana fría

¿qué es lo que me sostiene?


si tuve que doblar mi espalda dolorida

si tuve que acostumbrar mis ojos a tu ausencia

¿cómo puedo hoy amar el mundo

soñar contigo que me esperas

generosa y desnuda como un árbol frutal?


¿de qué punto partieron

las coordenadas de mis noches?

¿quién sembró de cuchillos la altura de mis sueños?


si mi risa fue como un río sin nombre

y mis brazos apenas levantaron el vuelo

¿cómo puedo ahora poseer la conciencia de un ave?


hoy la memoria navega

por la cara oculta de mi pensamiento