martes, 30 de julio de 2013

la balsa


hermanos la ternura esa vieja doncella que arregla farolas
y la paz de los ángeles muertos que juegan al mus entre nubes de alcanfor
han vencido a la herrumbre que yace en los cajones forrados de hule
y el hombre con gorro de papel de periódico
que se atusa el bigote y que no tiene nombre
no teme a la lluvia que empapa las velas en el horizonte

hoy es noviembre en el siniestro semblante de los usureros
y unos seres alados que nada pueden esperar del otoño
salen y entran de la oficina de los onanistas a sueldo
mientras los griegos construyen el barco isósceles de la perseverancia
y en el firmamento los aeroplanos adolecen de plácida melancolía

el hombre que sueña con monedas de trapo y con esfinges de barro
e ilumina el bulevar de las grandes ambiciones
el hombre que tiembla en la atmósfera espesa de los despertadores
y adormece su espera bajo el tísico palio de la virgen de cera
el hombre que alza del vasar del pecado la copa de tedio
y sacude la ceniza de sus pantalones con sus frías manos
el mismo hombre que deposita en su mesilla de noche
la dentadura falsa de sus recién estrenadas ilusiones
y vive en el ámbar de su sueño como en una balsa de madera

jueves, 4 de julio de 2013

patria libre


no pido nada más que un pedazo de tierra para honrar a mis muertos
y una cruz de palo para atravesar el océano

veloces transcurren las líneas marcadas en el horizonte
y la astuta mirada de los defraudadores no ofrece
en la urgencia de los verdugos otra posible lectura

no pido más que un martillo y una azada
mientras los epítetos copulan con el nombre de las algas
y hacen posible el crepúsculo de los esquiroles

no pido más que un fusil y un libro
para acometer la hazaña de derrocar la tiranía
y recuperar la dignidad perdida en las trincheras

no pido nada más que un paso al frente
a todos aquellos que aún aguardan indecisos
en la alfombra de espino de los mercaderes
una estrella que disipe la sombra del miedo

el invierno se camufla en los delirios del bosque
en el microondas se descongela la incertidumbre
y Marx respira en el espejo de las insurrecciones