lunes, 9 de enero de 2017

Angelina Gatell (1926-2017)


Aunque apenas ha sido recogido por los medios de comunicación, el pasado día 7 de enero ha muerto Angelina Gatell, “una mujer extraordinaria -en palabras de Juan Carlos Mestre-, una poeta imprescindible de la conciencia crítica. Su resistencia y su dignidad civil forman parte de la mejor memoria intelectual de nuestro país”. 
Angelina nació en Barcelona, el 8 de junio de 1926 y estudió en el Colegio Pi i Margall y la Escuela Manent, en Santa Coloma de Gramenet. Lo vio todo siendo aún niña, en la Cataluña de la guerra y las caravanas al exilio. En 1941 se trasladó con su familia a Valencia donde estudió tres cursos de Bachillerato. Allí colaboró en la clandestinidad con el Socorro Rojo Internacional y fundó con su marido, Eduardo Sánchez, El Paraíso, uno de los primeros teatros de cámara de España. Creció como escritora, traductora, actriz y profesional del doblaje por sus propios medios: para toparse una y otra vez contra la censura franquista.
En 1958 se trasladaron a Madrid donde realizó trabajos en TVE, donde también sufrió la censura como actriz y guionista. Finalmente, fue contratada por unos estudios de doblaje. Ejerció esta profesión durante treinta y un años.
Fundadora de la tertulia literaria independiente Plaza Mayor, junto a José Hierro, Manrique de Lara y Aurora de Albornoz, publicó los poemarios: Poema del Soldado (1954), Esa oscura palabra (1963), Las Claudicaciones (1969), Los Espacios Vacíos y Desde el Olvido (2001), Noticia del tiempo (2004) y Mujer que soy (2007). En colaboración con Carmen Conde elaboró la antología Poesía femenina española (1971). En 2016 la editorial Visor ha recuperado un proyecto que el PCE encargó a Angelina en 1968 de formar una antología en apoyo del pueblo vietnamita y que fue prohibido y archivado por el Ministerio de Información y Turismo.
Superviviente es, quizás, el apelativo que más justicia puede hacer a esta mujer que se consideró siempre, y a pesar de tanto, "absolutamente libre" porque "la libertad está contigo y no te la tiene que conceder nadie, la llevas tú".
En una entrevista del 2014 para eldiario.es, decía: “No se dan cuenta algunos de que ciertas historias no se han terminado. De que, mientras los huesos de los muertos estén en las cunetas, no se ha terminado la guerra (...) Nosotros somos los últimos testigos de aquello, y no podemos dejar de hablar”.


“… Firmes están los muros sobre el suelo.
La patria espera sin temor el día.”

                                        A.G.

“Fosas”

(Memoria histórica)
No dejéis que el silencio, como fría argamasa,
apague la memoria de aquellos que quedaron
hundidos en la tierra, en la linde del alba.
No dejéis que sus huesos, pulidos por el barro
permanezcan secretos. Izadlos como antorchas,
coronad con sus llamas el fuego que tuvimos
cuando todo era espanto, cuando todo era sombra.
Ellos fueron su amparo, su razón, su sentido.
Recobradlos. Traedlos hasta nuestro presente.
Dad al aire sus nombres como ramas crecidas
en la entraña secreta. Recordad que nos dieron
claridad y conciencia. No dejéis que la muerte
señoree el olvido ni su luz aterida
pues de ella crecimos. Somos sólo su efecto.

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