lunes, 14 de abril de 2014

columnas de humo


ungido por la urgencia de las uvas maduras
que sostienen el temblor de la madrugada
sin apenas certeza del humor de las abejas
suma y sigue como un clavo ardiendo
en el imperio estéril de la concupiscencia

sé que vendrán a reclamar su parte
como hipócritas alas en la superficie del nido
sé que acumularán asombro y otros panes
junto al tótem sagrado de amable apariencia
que invertirán el fulgor de los días azules
en arañar la piel morena de las aceitunas

sé que oscurece en lo profundo del misterio
y que una esmeralda protege de espíritus malignos
la gruta que nace en el fulgor de la selva
sé que anidan buitres en el sueño de los pobres
y que un terremoto de incienso aguarda
su paciente dictamen entre las salamandras

tengo la certeza de que la tierra se aproxima
a la gravedad planetaria de la barbarie
cuando las cigüeñas escriben largas epístolas
en los márgenes autónomos de la pereza
y en la corteza pálida de los rostros en flor
asoma la frágil sombra de una paloma
mientras los tigres devoran los restos de sal
entre las cenizas de la batalla

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